Editorial Despegue imparable de la ciberseguridad en Latinoamérica Durante años, la ciberseguridad en Latinoamérica partía de un nivel de madurez limitado, marcado por una baja inversión, escasa priorización y capacidades desiguales. La digitalización, impulsada especialmente a raíz de la pandemia, amplió la superficie de exposición al riesgo sin que existieran mecanismos de protección suficientemente robustos. Este contexto, unido al aumento significativo de ciberataques, evidenció las carencias estructurales y actuó como detonante para situar la ciberseguridad en el centro de la agenda estratégica tanto del sector público como del privado. Hoy, dos años después del primer número de Ciberilatam, vemos cómo la ciberseguridad ha despegado definitivamente en el territorio. El aumento y profesionalización de organismos, la actualización de estrategias nacionales y la proliferación de CERT y CSIRT oficiales en este periodo evidencian, entre otras cosas, que las administraciones públicas latinoamericanas han situado a la ciberseguridad como uno de los asuntos estratégicos a tratar en sus hojas de ruta. Sin embargo, el grado de madurez, preparación y concienciación sigue siendo desigual entre numerosos países. No en vano, algunos de ellos carecen todavía de estrategias nacionales de ciberseguridad e incluso de centros oficiales de respuesta ante ciberincidentes. Queda, por tanto, mucho trabajo por delante, especialmente en un contexto geopolítico marcado por la inestabilidad constante. Y aquí, como no podría ser de otra forma, la cooperación debe ser un pilar clave para el fortalecimiento de la ciberseguridad en Latinoamérica. Los países han de intensificar el intercambio de información, buenas prácticas y capacidades de respuesta a incidentes. La red CSIRTAméricas es un buen ejemplo de ello. Además, las alianzas con Europa pueden facilitar el acceso a conocimiento especializado y contribuir así a elevar el nivel de preparación y respuesta de la región, como es el caso de España. La colaboración entre ambos lados del Atlántico en materia de ciberseguridad es evidente gracias al trabajo de organismos públicos como el Centro Criptológico Nacional español. Los proyectos que tiene en marcha el CCN en Latinoamérica, entre ellos las Jornadas STIC −que este año se celebran en República Dominicana, y en las que Ciberilatam tendrá un papel protagonista−, impulsan el desarrollo y la profesionalización del sector. Tampoco nos debemos olvidar de la ciudadanía. Pese a que la sociedad ha mejorado su percepción del riesgo digital, todavía convive con retos relevantes: la desinformación, los intentos de influir en la opinión pública, el incremento de los ciberataques... Por tanto, también resulta clave seguir reforzando la educación y la cultura de ciberseguridad para consolidar una ciudadanía más crítica, informada y resiliente frente a estas amenazas. Solo así, tras este despegue definitivo, la ciberseguridad podrá consolidarse como un pilar estructural, aunque el viaje continúe siendo constante y desafiante. El grado de madurez, preparación y concienciación sigue siendo desigual entre numerosos países de Latinoamérica. No en vano, algunos de ellos carecen todavía de estrategias nacionales de ciberseguridad e incluso de centros oficiales de respuesta ante ciberincidentes / Primer semestre 2026 3
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